Sinaloa-sur-Seine

Me defino sinaloense y bohemio. Si debo añadir algo más, citaría a René Char: "Creo en la magia y la autoridad de las palabras".


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El otro, el extranjero

El otro, el extranjero, es siempre aquél que está aquí por malas razones.

He dejado de buscar, desear, perseguir, soñar, querer para ya no serlo en apariencia. Cuando aún tenía antojos (ganas, sueños…) alguien me dijo que no tenía nada que aportar.

Estoy aquí porque tuve una razón. He cambiado pero mi motivo sigue ahí. Me explico, mi motivo es como la fricción que causó ese fuego efímero en un fósforo, fuego que lo ha consumido, aún después de apagado lo ha transformado. La fricción en sí no ha dejado marca.

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Piedra del sol

Pensando en ti quiero recordar un fragmento del texto paradigma de la poesía del México post-revolucionario
[…]
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños
[…]

Octavio Paz, Piedra del Sol (fragmento)


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Ha muerto Don Juan Chávez

Temprano levantó la muerte el vuelo, 
temprano madrugó la madrugada, 
temprano estás rodando por el suelo. 
(Miguel Hernández, Elegía)

Don Juan Chávez en Bretaña, Francia

Este sábado 2 de junio Don Juan Chávez murió en un hospital de Morelia. Era la voz de la comunidad purhépecha de Nurío, Michoacán; era una de las personas más respetadas y sabias del Congreso Nacional Indígena. Fue un hombre recto, como el ala de su sombrero michoacano.

Era un hombre de la tierra; el 29 de mayo la muerte lo apeó de la troje que reparaba, la troje de su casa en la que se guardan los frutos de la tierra.

Me tocó conocerlo en Barcelona, a donde en ese entonces había sido invitado por compañeros solidarios de la lucha por la autonomía indígena en México. Recuerdo que iba a aprovechar ese viaje para ir al Archivo de Indias, en Sevilla, para consultar documentos coloniales y con ellos en mano tratar de resolver los problemas agrarios de su pueblo.

Don Juan fue invitado en varias ocasiones a Europa para hablar de las experiencias de lucha y de las dolencias de los indígenas en resistencia ante un auditorio de organismos internacionales y organizaciones de solidaridad y de defensa de los derechos de los pueblos indígenas; y sobre todo, con colectivos en lucha. En México, cuando el trabajo de la tierra se lo permitió y su comunidad se lo pidió, participó como delegado en muchas reuniones y encuentros organizados por el CNI o por organizaciones populares o indígenas como los zapatistas.

A su palabra clara y serena respondían oídos atentos, hablaba en nombre de los suyos y no en el propio, escuchaba activamente para transmitir el mensaje de quienes se lo encomendaban.

En París, en Barcelona, en Vicam, en Oventic, en Cheran, en La Garrucha, en su Nurío y en tantas otras partes, los que tuvimos la suerte de escucharlo o de que nos acompañara con su experiencia de la lucha diaria y de amor a la tierra lamentamos que se vaya tan pronto.

Descanse en paz, Don Juan.


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29 de mayo

A esta hora hay una atmósfera en la que se respira el sopor en el que se confunden la primavera, el verano, martes y miércoles. La tarde trae la panza llena de las primeras cerezas del año y yo no hago más que pensar en viejos amores.


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Mi selva

Una laguna de poco menos de 10 hectáreas y un salitral cubierto de matorrales donde abundaban conejos y aves de paso han desaparecido de la faz de tierra. Es curioso que este año de sequía los campos le ganen a los baldíos.

No me explico por qué ya no están en las imágenes satelitales. Los han secado y desmontado.

Pierdo tanto. Iba a ese sitio cuando no conseguía pescar nada, a veces no mordía, qué se le iba a hacer. Me acostaba con los brazos cruzados en la nuca y esperaba que se hiciera tarde, ahí tirado bajo los huajes.

Entonces, el viento sacudiría tules y batamotes, sauces y huacaporos (que más al norte llaman palosverdes). Si era paciente, vería conejos y ratas de campo, y hasta chureas. Algún grajo volvería al nido, alguna tórtola o paloma torcaz llamaría a su pareja. Eso era paz.

El mar estaba lejos pero el viento, que sopla por la tarde, me traería un poco de yodo. El sol, eso no, sería el mismo a la sombra que en el camino de vuelta a casa: bien allá en lo alto, sin nube que lo cubriera, a la mejor demasiado lejos para crear un efecto particular en el piasaje.

Polvo levantándose por el camino, viento, una lobina brincando en la superficie del agua, garzas en lo alto de un álamo. Que pena ya no poder volverlos a ver.