Sinaloa-sur-Seine

Me defino sinaloense y bohemio. Si debo añadir algo más, citaría a René Char: "Creo en la magia y la autoridad de las palabras".


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Es hora de parar la guerra contra la Tierra

Me topé hace unos días con un blog de un ganadero canadiense que lucha contra la ilegalización en su país de la venta de leche bronca; tal prohibición significa que un pequeño ganadero no puede vender si leche directamente al consumidor, entre otras cosas.

Al grano: pues este buen hombre reproducía en su blog el discurso de Vandana Shiva al recibir el Premio Sydney por la Paz, que me pareció muy interesante; por eso me di la tarea de traducirlo (puede haber algunos errores de interpretación).

Vandana Shiva, Right Livelihood Award 1993, at...

Image via Wikipedia

Hoy en día, cuando pensamos en la guerra, nuestra mente se torna hacia Iraq y Afganistán. Pero la guerra más grande es la guerra contra el planeta. Ésta tiene sus raíces en una economía que no respeta límites ecológicos y éticos – límites a la desigualdad, límites a la injusticia, límites a la codicia y la concentración económica.

Un puñado de empresas y de potencias busca controlar los recursos de la Tierra y transformar el planeta en un supermercado en el que todo está en venta. Quieren vender nuestro agua, genes, células, órganos, conocimientos, culturas y nuestro futuro.

La guerras duraderas en Afganistán, Iraq y las que les han seguido no son sólo sangre por petróleo. A medida que ellas se desarrollan, vemos que son sangre por alimentos, sangre por genes y biodiversidad y sangre por agua.

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Flow

Podría decir que ha sido un gran esfuerzo, como atravesar un arroyo en crecida, sin respirar. Llegar al otro lado exhausto y solo, exhausto y discreto, callado recostarse en la rivera. Calado y con el resuello cortado. Nadie quien me felicite por la travesía. A fin de cuentas, no hay nada de que vanagloriarse.

☙❧

Estoy embancado. He dejado de lado los últimos libros que he comprado. Los he dejado en parte porque leer en español me pone mal, como mal me pone escribir esto, es la lengua con la que sufro, es la lengua de mis emociones y sentimientos.

☙❧

Mi lengua es una mestiza que canta por cantar; los hay a quienes no les gustan sus letras, no ven que sus décimas antes que para escucharlas están para ser dichas.


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El camino quitarán…

pero la querencia, ¿cuándo?Nací en el llano más bonito del mundo. De pequeño pensaba que la Tierra toda era plana, y que los cerros, de los que sólo se perciben las siluetas a lo lejos, eran como las nubes, visibles e inalcanzables.
 
 
 
 


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Cuando es de noche en mi rancho

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Image by msmail via Flickr

Es tarde y no logro dormir. A esta hora no debería yo estar despierto.

Cuando éramos chicos, mis hermanos y yo contábamos los habitantes del pueblo para dormir. Empezábamos siempre por la casa de El Niño, el papá del güero, la casa que esta justo después del letrero con el nombre del rancho seguido de puntos suspensivos escritos a balazos. Contábamos casa por casa, cuadra por cuadra, siempre nos dormíamos antes de llegar a la de la escuela.

Los tres contábamos: mi hermano, mi hermana y yo, cada uno metido bajo su cobija, con la vista fija en la oscuridad del techo del cuarto. Primero contábamos a los padres, o a la madre, viuda. A veces armábamos un alboroto para decidir si la vaquilla de Pedro o el caballo de Nico entraba en la cuenta, o si fulano tenía que ser contado en casa de su mujer o en casa de su querida, viuda también o con el marido en el Otro Lado, el Over There, los Yunait Estaits.

Sigo sin dormir, como puede verse. Pienso en mis hermanos, siempre serán para mí ese par de latosos que o se me pegaban como sanguijuelas o se obstinaban a ver otro canal en la tele. Esos latosos que me perturbaban cuando contaba para dormir.

En el pueblo, de noche las calles están quizás menos vacías que de día, los hombres ya han vuelto de las tierras. Los hay que no hacen nada y siguen el mismo ritmo de los chambeadores. Cayendo la tarde se forman palomillas de jugadores de baraja frente al expendio de cerveza de Diego, o en la tienda del Hermano Víctor, frente a la sindicatura, dónde el ojo siempre vigilante de la policía municipal es garante del respeto de las reglas del conquián.

Cuando es de noche, en mi pueblo los plebe chicos cuentan para dormir, los adultos juegan a las cartas,  platican en las esquinas y en los portales del vecino, van a comprar harina para las tortillas del lonche del día siguiente, porque hay faena, porque hay que regar las milpas, deshierbar canales, seguir componiendo el motor del pinchi tractor que los tiene varados desde hace días. Los viejos antes de acostarse echan un ojo al cielo, mirando hacia el Este, para el rumbo de Sinaloa de Leyva, para ver si hay relámpago y saber si al fin vienen las lluvias.